Bendita soledad. | Emociones para el coaching

Un lugar de encuentro para el cambio

Bendita soledad.

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He dejado la maleta en  la cama de muchos hoteles. Me gustan los hoteles, cuanto más minimalista, mejor: habitaciones grandes,  pantallas de plasma, wifi, cafetera nespresso, bañera hidromasaje….Todo vale para sentirte refugiado en la falsa creencia de creerte arropado por el lujo y el poder. Da igual donde viajes: Berlín, Paris, New York, Ámsterdam, Bruselas, Singapur o Sidney…En cualquier parte del mundo vas a encontrar una habitación alineada con el suspiro de lo  banal. Siempre pido habitaciones altas con vistas a la ciudad… Me gusta ver el atardecer entre los cristales y cortinas de diseño donde llevo a cabo el mismo ritual…Desdoblo las camisas una por una y las coloco junto a la chaqueta con la que hace juego, zapatos, ropa interior, calcetines colocada estratégicamente en los cajones  superiores….Y luego el neceser…Cepillo de dientes, crema hidratante, antiojeras, perfume…..Podría cuadricular cada acción, y no recuerdo la ciudad en la que lo he realizado. Siempre dejo para lo último mi maletín: saco el portátil, cuaderno, bolígrafos, libros, auriculares, mapa de la ciudad…..Y todo dispuesto.  Entonces, me tumbo en la cama….

Y comienzo a reflexionar…. Me he rodeado de tantas pequeñas cosa que me recuerden lo cercano, lo próximo, el ambiente de mi casa en la vieja Europa al lado del Guadalquivir…que intento olvidar que en este preciso instante estoy solo. Sí solo, y no es una sensación de tristeza la que me embarga. Vivimos siempre rodeados de seres próximos, de vida social. Podría quedar con amigos prácticamente en cualquier sitio del mundo…es lo que tienen las redes sociales. Pero necesito sentir que soy  soledad, que hay  un acto supremo en encontrarte contigo mismo…de saber que somos una mota de polvo en el universo emocional. Pequeñito, vulnerable, frágil…hay una parte del ser humano que debemos cuidar cono una vajilla centenaria, porque se puede romper si no la cubrimos con poder de agradecimiento, lealtad, y solidaridad con todo lo que la vida nos ha permitido.

Y a mi me ha permitido sentirme cielo, surcar los mares emocionales lleno de estrellas, ver las mejores puestas de sol  que mi oficio me ha permitido, vibrar con el aire ensortijado entre mis manos, acariciar la tierra y el barro de un invierno circular….

Por eso me gustan los hoteles, cercanos, distantes,….porque me conectan con lo efímero….No somos nadie,….tan solo formamos parte de una geografía emocional  que nos lleva a todos a encontrarnos con la felicidad de saber que la soledad me conecta… con mi ser supremo. El que siempre está solo. Bendita soledad.


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