El buen padre y el buen hijo | Emociones para el coaching

Un lugar de encuentro para el cambio

El buen padre y el buen hijo

El otro día, en verdad hace más de dos semanas, alguien me dijo en un curso: ¿Tú eres padre? Y le respondí: “NO”….  Le contesté: No todo el mundo es padre pero si todo el mundo es hijo. Vivimos en una sociedad que muchas veces nos incita a la pedagogía de la experiencia: lo que no hemos vivido en nosotros mismos, no podemos aproximarnos a su verdad. Yo defiendo la teoría de la experiencia emocional,  todo lo que podamos sentir es vivido. Llevamos muchos años usando la visualización con deportistas de alto rendimiento, la neurociencia está de nuestra parte hablándonos del contagio emocional, sin embargo, no podemos contagiar la empatía y la compasión, porque son actos supremos que surgen del paradigma del amor: desde dentro de nosotros mismo. Hay una frase que me encanta de Richard Bach, en su libro Ilusiones: “Uno enseña de lo que más necesita aprender”.

Si me dedico al entrenamiento emocional y competencial es porque sigo en el camino apostando por mi propia mejor, por el encuentro con mi consciencia plena y buscando los entresijos de la felicidad. Hace años que renuncié al victimismo, al pesimismo existencial. Hace años que veo en la mirada de los otros el espejo inexorable del alma que siente sus propios anhelos. Y sigo apostando por ser el centro del universo: Todo existe porque existismo nosotros: Sin ti no hay nada, no eres nada y no tenemos certeza de que exista una realidad que no pase por nuestra razón ya emoción.

No, no soy padre y nunca lo seré. Y muchos padres me dirán que me pierdo mirar a los ojos con la compasión de tener tu propia vida, que me pierdo el sentir en mis manos un trozo de mi propio universo, que no podré contar mis experiencias para que se conviertan en legado. Pero mi legado está en manos de los hombres y mujeres que componen mi propio universo, de la gente a la que quiero y de aquellos a los que amo. Sin estridencias, sin gritos y publicidad, no la necesito. Porque siento, sé que estoy vivo, porque siento y sueño soy dueño de mis propias emociones.  Por eso enmarco mi vida en la experiencia de dejar un legado emocional para la gente con la que habito, en mis cuentos, conferencias, talleres, escritos y libros está mi semilla. Mis hijos son mis relatos, mis manos acarician cada palabra y verso que creo:

Yo soy padre y madre de mis propias emociones.

Ante la pregunta, de nuevo:” Jose Luis, eres padre”…Yo respondo…

Lo importante no es ser padre, sino buen padre…

Yo soy buen hijo, es lo único que puedo decir.

Amemos sin apellidos ni condiciones.


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